Al caso de Perú se suman nuevos grupos guerrilleros en México, Guatemala, Ecuador, Venezuela y Chile
A principios de los años 90, con el avance democrático, América latina fue testigo del ocaso de muchos de los grupos guerrilleros creados en los 60 y 70, en la ebullición revolucionaria de aquellos años. Algo más de una década después, sin embargo, un nuevo capítulo de la lucha armada -un incipiente rebrote subversivo, posiblemente, o un estado de "insurgencia social"- parece estar en plena gestación en la región. La reaparición de Sendero Luminoso en Perú es sólo la manifestación más reciente de este fenómeno. Nuevos grupos han surgido también en México, Guatemala, Venezuela y Ecuador y Chile. Siglas que parecían haber desaparecido para siempre vuelven a irrumpir bajo otras denominaciones. Y fuertes indicios señalan que el adiós a las armas de toda una generación de rebeldes podría no ser tan definitivo como se pensó. Dos realidades confluyen para que así sea, observó Juan Gabriel Tokatlián, director de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés. "Hay en la región -sobre todo en Bolivia, Ecuador y Perú- una creciente conflictividad social que se combina con una mayor polarización política", opinó. Ambos factores, añadió, "deben ser monitoreados con cuidado, porque tienen un enorme potencial de derivar en la lucha armada". A su entender, los grupos armados colombianos ofrecen posibilidades de supervivencia a guerrillas nuevas y de menor alcance, debido a las redes que se crean entre ellas. América latina, opinó a su vez el analista Rosendo Fraga, atraviesa una fase de "insurgencia social", un estado de movilización que no tiene el carácter ideológico de las guerrillas setentistas. "Se ejerce la fuerza, pero, salvo excepciones, no se hace por lo general un uso directo de la violencia", observó. El caso de Perú es quizás el más preocupante. Como ocurre ahora, la violencia desenfrenada que padeció el país durante los años 80 a manos de Sendero Luminoso resurge cada tanto como una amenaza, pese a que el grupo quedó reducido a bandas dispersas que brindan protección al narcotráfico. A principios de este año, además, el ultranacionalista peruano Ollanta Humala lideró una pequeña revolución en el poblado andino de Andahuaylas, al frente de un comando del Movimiento Etnocacerista. Humala, de declarada afinidad con el presidente venezolano Hugo Chávez, tomó allí una comisaría y cuatro personas murieron durante una crisis de rehenes que tuvo al país en vilo. ¿Su objetivo? La caída del gobierno de Alejandro Toledo. Humala está ahora segundo en las encuestas de cara a las elecciones de abril próximo. En Ecuador, el diario El Comercio informó en octubre pasado que un nuevo grupo, el Ejército de Liberación Alfarista (ELA), se prepara para la lucha armada en el país. Citó incluso al vocero rebelde Sebastián Sánchez, quien reivindicó la herencia de los grupos disueltos en la década pasada en el país. Y fuentes militares afirmaron al periódico que algunos comandos de la nueva guerrilla -de unos 200 hombres, muchos de ellos ex cuadros armados de movimientos guevaristas y maoístas- mantienen "contactos" con las FARC en Colombia y se entrenaron en Venezuela. El gobierno venezolano negó toda relación y condenó lo que calificó como un intento mediático de vincular al gobierno de Chávez con el grupo subversivo. Pero el chavismo no ha podido evitar que otros movimientos -algunos de ellos venezolanos- expresaran simpatías por la "revolución bolivariana". De hecho, en enero pasado, el diario El Nacional, de Caracas, se hizo eco de la creación de una nueva guerrilla en Venezuela, el Ejército del Pueblo en Armas (EPA), el tercero que surge desde el ascenso de Chávez, en 1999. Su vocero, el comandante Ernesto Torres, invocó afinidades ideológicas con el mandatario venezolano y afirmó que el EPA se prepara "para enfrentar una eventual invasión" externa, latiguillo chavista. También en México, tierra fértil para el surgimiento de movimientos insurgentes, aparecieron nuevas siglas guerrilleras, algunas pertenecientes a grupos alzados en armas por primera vez y otras de desprendimientos de otras formaciones rebeldes. Dos ejemplos entre al menos dos decenas de grupos activos en México: el Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM-23), que irrumpió con tres bombazos contra sedes bancarias en Juitepec, en Morelos, en mayo de 2004, y el Comando Justiciero 28 de Junio (CJ-28), surgido en 2003 de una ruptura con el proyecto político del más extendido Ejército Popular Revolucionario. Inspiradas en la modalidad principalmente mediática del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, algunas agrupaciones más recientes en muchos casos no pasaron de proclamar su existencia y declararse en la clandestinidad. Grupos similares surgieron en Guatemala, como el Frente Bolivariano de Liberación (FBL), el Movimiento Revolucionario Carapaica (MRC) y Ejército Popular Revolucionario Guatemalteco (EPRG). Y también en Chile grupos indígenas como la organización de Comunidades Mapuches en Conflicto (CMC) hacen oír sus voces -y sus bombas- con creciente determinación.
A principios de los años 90, con el avance democrático, América latina fue testigo del ocaso de muchos de los grupos guerrilleros creados en los 60 y 70, en la ebullición revolucionaria de aquellos años. Algo más de una década después, sin embargo, un nuevo capítulo de la lucha armada -un incipiente rebrote subversivo, posiblemente, o un estado de "insurgencia social"- parece estar en plena gestación en la región. La reaparición de Sendero Luminoso en Perú es sólo la manifestación más reciente de este fenómeno. Nuevos grupos han surgido también en México, Guatemala, Venezuela y Ecuador y Chile. Siglas que parecían haber desaparecido para siempre vuelven a irrumpir bajo otras denominaciones. Y fuertes indicios señalan que el adiós a las armas de toda una generación de rebeldes podría no ser tan definitivo como se pensó. Dos realidades confluyen para que así sea, observó Juan Gabriel Tokatlián, director de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés. "Hay en la región -sobre todo en Bolivia, Ecuador y Perú- una creciente conflictividad social que se combina con una mayor polarización política", opinó. Ambos factores, añadió, "deben ser monitoreados con cuidado, porque tienen un enorme potencial de derivar en la lucha armada". A su entender, los grupos armados colombianos ofrecen posibilidades de supervivencia a guerrillas nuevas y de menor alcance, debido a las redes que se crean entre ellas. América latina, opinó a su vez el analista Rosendo Fraga, atraviesa una fase de "insurgencia social", un estado de movilización que no tiene el carácter ideológico de las guerrillas setentistas. "Se ejerce la fuerza, pero, salvo excepciones, no se hace por lo general un uso directo de la violencia", observó. El caso de Perú es quizás el más preocupante. Como ocurre ahora, la violencia desenfrenada que padeció el país durante los años 80 a manos de Sendero Luminoso resurge cada tanto como una amenaza, pese a que el grupo quedó reducido a bandas dispersas que brindan protección al narcotráfico. A principios de este año, además, el ultranacionalista peruano Ollanta Humala lideró una pequeña revolución en el poblado andino de Andahuaylas, al frente de un comando del Movimiento Etnocacerista. Humala, de declarada afinidad con el presidente venezolano Hugo Chávez, tomó allí una comisaría y cuatro personas murieron durante una crisis de rehenes que tuvo al país en vilo. ¿Su objetivo? La caída del gobierno de Alejandro Toledo. Humala está ahora segundo en las encuestas de cara a las elecciones de abril próximo. En Ecuador, el diario El Comercio informó en octubre pasado que un nuevo grupo, el Ejército de Liberación Alfarista (ELA), se prepara para la lucha armada en el país. Citó incluso al vocero rebelde Sebastián Sánchez, quien reivindicó la herencia de los grupos disueltos en la década pasada en el país. Y fuentes militares afirmaron al periódico que algunos comandos de la nueva guerrilla -de unos 200 hombres, muchos de ellos ex cuadros armados de movimientos guevaristas y maoístas- mantienen "contactos" con las FARC en Colombia y se entrenaron en Venezuela. El gobierno venezolano negó toda relación y condenó lo que calificó como un intento mediático de vincular al gobierno de Chávez con el grupo subversivo. Pero el chavismo no ha podido evitar que otros movimientos -algunos de ellos venezolanos- expresaran simpatías por la "revolución bolivariana". De hecho, en enero pasado, el diario El Nacional, de Caracas, se hizo eco de la creación de una nueva guerrilla en Venezuela, el Ejército del Pueblo en Armas (EPA), el tercero que surge desde el ascenso de Chávez, en 1999. Su vocero, el comandante Ernesto Torres, invocó afinidades ideológicas con el mandatario venezolano y afirmó que el EPA se prepara "para enfrentar una eventual invasión" externa, latiguillo chavista. También en México, tierra fértil para el surgimiento de movimientos insurgentes, aparecieron nuevas siglas guerrilleras, algunas pertenecientes a grupos alzados en armas por primera vez y otras de desprendimientos de otras formaciones rebeldes. Dos ejemplos entre al menos dos decenas de grupos activos en México: el Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM-23), que irrumpió con tres bombazos contra sedes bancarias en Juitepec, en Morelos, en mayo de 2004, y el Comando Justiciero 28 de Junio (CJ-28), surgido en 2003 de una ruptura con el proyecto político del más extendido Ejército Popular Revolucionario. Inspiradas en la modalidad principalmente mediática del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, algunas agrupaciones más recientes en muchos casos no pasaron de proclamar su existencia y declararse en la clandestinidad. Grupos similares surgieron en Guatemala, como el Frente Bolivariano de Liberación (FBL), el Movimiento Revolucionario Carapaica (MRC) y Ejército Popular Revolucionario Guatemalteco (EPRG). Y también en Chile grupos indígenas como la organización de Comunidades Mapuches en Conflicto (CMC) hacen oír sus voces -y sus bombas- con creciente determinación.
pd: nota publicada en la nacion online el año pasado. Me parecio importante publicarla para recordar que aquellos que quisieron arrebatarnos el pabellon nacional dejaron una siniestra y funesta descendencia, como dice el dicho yerba mala nunca muere.
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